La Reyna de mi carnaval llamado Vida.
En el vaivén de la fiesta, entre el sonido de las bandas y el color de Mazatlán, dos potencias se encontraron: la Reyna del carnaval y la Reyna de mi vida, mi madre.
Una fotografía que captura más que un instante, captura una historia. La de una mujer que me enseñó a caminar y ahora camina a mi lado, incluso cuando mis pasos se extienden sobre ruedas y kilómetros.
Estas vacaciones (Mazatlán2025) fueron más que una visita, fueron un aprendizaje. Entre risas y conversaciones, entendimos juntos el sentido de viajar, no solo en bicicleta, sino en la vida misma: con paciencia, con pasión, dando pequeños pasos para después dar grandes saltos.
Al viajar, tú decides en qué momento avanzar y si la oportunidad te detiene por abrazar a tu madre, detén el tiempo lo necesario para recibir su bendición antes de que tome su vuelta a casa. Porque en esos instantes, el reloj deja de importar y el alma se llena.
Aprovechen el tiempo con sus madres. Caminen con ellas hasta que la suela del zapato se gaste, hasta que el cansancio se vuelva anécdota y el amor, memoria.
Porque el tiempo no espera, pero nosotros sí podemos hacer que cada segundo valga.
Yo la tuve aquí, y mi mente se transformó.
«Porque en el carnaval de la vida, ella siempre será mi Reyna»

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